Mi nombre es Luna
Desde que llegué a esta familia, aprendí a hablar sin palabras.
Ellos entendieron mis movimientos, mis silencios, mis tiempos.
Con los años, mi cuerpo comenzó a cambiar: caminar dolía, el descanso ya no era reparador y mis juegos se volvieron recuerdos.
Mi familia lo notó antes que nadie.
Porque cuando se ama de verdad, el lenguaje del cuerpo se vuelve visible.
Cuando la enfermedad nos revela un diagnóstico irreversible, el cuidado cobra un sentido distinto
El diagnóstico fue claro: mi enfermedad no tenía tratamiento curativo.
Pero también fue claro algo más importante: yo todavía podía vivir sin sufrir.
Ahí aparecieron los Cuidados Paliativos Veterinarios.
No como un final, sino como una nueva forma de acompañarme.
Los profesionales explicaron que cuidar paliativamente significa:
- Aliviar el dolor y los síntomas que afectan la calidad de vida
- Observar con atención mi comportamiento y mi lenguaje corporal
- Adaptar el entorno a mis necesidades físicas y emocionales
- Acompañar también a quienes me aman
No se trataba de rendirse.
Se trataba de cuidar con conciencia.
Mi cuerpo hablaba, y ellos aprendieron a escuchar
Cuando el dolor aparece, los perros no siempre lloramos.
Nos expresamos con posturas, respiración, miradas, quietud o aislamiento.
Mi familia aprendió a leer mis señales:
- Cuando me costaba incorporarme
- Cuando buscaba más contacto o más silencio
- Cuando mi respiración cambiaba
- Cuando mi mirada pedía calma
Desde la etología canina, estas señales no son casuales:
son formas de comunicación que indican malestar, dolor o agotamiento.
Gracias a la intervención paliativa, cada gesto mío fue interpretado con respeto.
El cuidado también es adaptar la vida
Los cuidados paliativos transformaron mi día a día:
- Medicación ajustada para aliviar el dolor
- Rutinas más lentas, a mi ritmo
- Espacios confortables y seguros
- Presencia constante, sin exigencias
Mi mundo se hizo más pequeño, pero también más amoroso.
Cada caricia tenía intención.
Cada silencio, compañía.
Las decisiones difíciles también pueden ser actos de amor
Llegó un momento en el que mi cuerpo ya no podía más. El dolor empezaba a ganar terreno, incluso con cuidados.
Mi familia no decidió desde el miedo, sino desde el amor informado.
Acompañados por el equipo veterinario, entendieron que evitar el sufrimiento también es cuidar.
La eutanasia no fue abandono.
Fue un acto profundamente compasivo.
Una despedida digna, sin dolor, en un entorno de calma.
Lo que deja esta historia
Los cuidados paliativos veterinarios permiten:
- Vivir el final con dignidad
- Evitar sufrimientos innecesarios
- Acompañar desde la presencia y la escucha
- Honrar el vínculo humano–animal
Mi historia no habla de muerte.
Habla de cómo se puede cuidar hasta el último instante.
Pallium VET
Acompañar también es una forma de sanar
En Pallium creemos que el cuidado paliativo es una práctica ética, humana y necesaria.
Para los animales.
Para sus familias.
Para los equipos de salud.
Porque cuando curar no es posible, cuidar siempre lo es.